San Joaquin

Todo comienza un sábado, salimos a las 12:00 pm de San Juan del Río, 2 horas de camino para llegar a San Joaquín, la cuna del huapango y de manzanas, con la lluvia muy amable, pudimos sortear la serpiente de carretera que hay que manejar para llegar a este pequeño pueblo. Entrando a la sierra, la neblina nos regala un paisaje misterioso y que nos deja volar la imaginación. San Joaquín es de esos lugares que con estos climas se disfruta más, cuando es frío y húmedo. Un lugar a primera vista aburrido, nos regalo un día de desasosiego bastante entretenido.

El mercado

Al llegar lo primero es visitar ranas, las ruinas arqueológicas del pueblo, para llegar hay que pasar por un camino que invita a recorrerlo a pie o en bici, da la sensación de dejar el coche y echarse a correr. La lluvia no nos deja ver mucho del lugar y decidimos regresar a buscar algo de comer, optamos por el mercado ya que es domingo, al llegar nos encontramos con una plaza casi vacía que resguarda a las pocas “marchantas” que no le temen  a un poco de agua, nos acercamos y empezamos a observar que venden y si podemos encontrar algo nuevo que probar.

mercado

Y así, como esperándonos, encontramos la raíz de chilguaque, sazona salsas, es anestésica y produce una sensación bastante peculiar en la boca, salivas, duerme la lengua y hormiguea el paladar, pasado el efecto y así como en el amor, quieres intentarlo de nuevo, para encontrarle un nombre a lo que sentiste. Ya con el hambre en la punta de la lengua decidimos buscar donde comer. Aunque habría de decir que cualquier lugar se veía bien, no pudimos elegir mejor, el restaurante nos recibe con un café de olla venido del cielo. Dos personas comiendo -cosa de lo más extraña- señor lector póngase de pie, un amigo siempre alegra el día e ilumina la mirada, coincidencias que mejoran la hora de la comida, elevan la categoría de lo bueno y hacen bastante decente lo malo, nuestras miradas se encuentran y gritamos los nombres del otro, nos hemos encontrado con Ilde “asegurador de pasado, fotógrafo por convicción”.

plaza central

Terminada la hora de la comida decidimos ir a la aventura y llegar a las cascadas de maravillas, 1 km de bajada enlodada  bien valió la pena, no tenemos palabras para lo que sucedió después, las imágenes hablan por si solas.

cerros

cascada

Cansados para el regreso decidimos parar en Vizarron para cenar, en sus calles de mármol, tacos de papa y queso, que rematan con el atole de guayaba más rico de todo el universo, manos de diosa las que elaboran tal delicia, ay de aquellos los que sufren por las dietas y no pueden comer lo que se les antoje, sufren por la vida y ademas por la comida.

casas

Vimos el fin del mundo en un mirador, comimos raíz de oro “chilguaque”, encontramos un amigo y caminamos entre nubes, todo esto en el marco de un pintoresco pueblo de la Sierra de Queretaro, no se pueden negar las raíces que tenemos en estos lugares apartados de la ciudad, los vínculos que nos unen a la comida son tan reales como el castellano que hablamos de los españoles y la piel morena de nuestros antepasados indígenas. Esto nos alimenta como cocineros, encontrar cosas de uno donde nunca había estado, nos despedimos de San Joaquín siendo nosotros un poquito mas el y San Joaquín siendo un poquito más nosotros.

flechas

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